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Lucas 22:7-8 – Jesús guarda las festividades judías con devoción.

Por Hno. Guillermo Palestina

 

“Llegó el día de los panes sin levadura, en el cual era necesario sacrificar el cordero de la pascua. Y Jesús envió a Pedro y a Juan, diciendo: Id, preparadnos la pascua para que la comamos.[1]”

 


En general, podemos observar en el desarrollo de los evangelios que el Señor Jesús fue muy devoto en la observancia de las festividades instruidas por la Torá, incluso en algunas adicionales que solo pueden referirse a la tradición del pueblo, como en el caso de la Fiesta de las Luces[2].

En esta porción, específicamente en Lucas 22:7-8, Jesús envía a sus discípulos a preparar la Pascua, una festividad central en la identidad del pueblo de Israel. Este acto nos revela que Jesús no veía las festividades judías como algo opcional, sino como una parte esencial de su vida y ministerio; de hecho, formaban parte intrínseca de su identidad como Mesías.

Desde una óptica más reflexiva, este evento nos desafía a reconsiderar cómo entendemos la relación de Jesús con la Torá de manera práctica y vivencial. Podemos observar sin duda que, si el Hijo de Dios celebró la Pascua con total fidelidad, ¿Qué nos dice esto sobre su compromiso con la tradición de Israel?

Jesús, al guardar la Pascua, estaba cumpliendo no solo con un mandamiento, sino con la tradición ancestral que fortalecía la identidad de Israel y apuntaba a la redención.

Jesús entendió que las festividades judías no eran solo eventos rituales, sino memoriales de la fidelidad hacia Dios. La Pascua no solo recordaba la liberación de Egipto, sino que también anunciaba la redención final en el Mesías y su obra redentora.

Por lo tanto, podemos observar cómo Jesús vivió con total reverencia a Dios, guardando las festividades con devoción, como un modelo que no contravenía su plan redentor de ninguna manera. De hecho, sus apóstoles y discípulos más cercanos continuaron observando las festividades y tradiciones de Israel aun después de su muerte, sepultura y resurrección, sin que estos hechos pusieran en duda su fidelidad, liderazgo y salvación en el cuerpo de Cristo.

Esto claramente no abarcó a los creyentes de entre los gentiles, como se establece en el Concilio de Jerusalén descrito en Hechos, capítulo 15. Sin embargo, los creyentes en Jesús como el Mesías que provenían del linaje de Israel sí continuaron siendo fieles a las festividades de la Torá con total puntualidad, siguiendo la misma piedad mostrada por el Señor Jesús durante su ministerio terrenal.

 Estos hechos nos invitan a cuestionarnos sobre aspectos relevantes de la vida de Jesús y de la Iglesia Primitiva:

  •  ¿Qué significado tiene para nosotros que Jesús y sus apóstoles, después de su resurrección, hayan celebrado las festividades con total devoción?
  • ¿De qué manera podemos entender que un creyente de origen judío pueda continuar guardando las festividades de la Torá y creer en Jesús?
  • ¿Comportándose así, tal hermano es parte de la Iglesia o es un apóstata?

¿Qué opinas al respecto?



[1] Reina Valera Revisada (1960) (Miami: Sociedades Bı́blicas Unidas, 1998), Lc 22:7–8.

[2] Juan 10:22

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