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Un pase para anotar (Romanos 10:13:15)

Por: Hno. Guillermo Palestina

 


Cuando mi hijo Elías era pequeño, recuerdo que ocasionalmente salíamos a patear la pelota en un campo de fútbol cercano. En algunas de esas ocasiones, un grupo de chicos armaba un partido y nos incluían. Mi hijo aún era pequeño y yo trataba de darle pases que lo dejaran solo frente a la portería, únicamente para que él pudiera anotar un gol y experimentar esa alegría. Como era niño, a veces se ponía nervioso y fallaba, pero en otras lograba anotar, y su alegría era algo irreemplazable de vivir. Su alegría, su éxito y su sonrisa eran realmente inolvidables para mí como padre.

 Dios hace algo parecido con su Iglesia. Pues es Él quien ha previsto salvarnos desde antes de la fundación del mundo (Efesios 1:4), es Él quien anunció esta salvación a lo largo de los siglos por medio de los santos profetas (Hebreos 1:1–2). Fue el Señor quien dispuso formar un pueblo y eligió a Moisés para preparar el contexto adecuado a través del cual el Mesías vendría a redimirnos (Hechos 3:22). Y es Dios mismo quien, de acuerdo a su voluntad y en plena comunión con su Hijo, decidió llevar a cabo el sacrificio supremo para salvarnos (Juan 3:16). ¡Dios lo ha hecho todo!

 Incluso hoy, por medio del Espíritu Santo, Él redarguye de pecado (Juan 16:8), hace que muchos crean en Jesucristo (Juan 6:29,44) y es Él quien añade a su Iglesia a los que han de ser salvos (Hechos 2:47).

 Sin embargo, en medio de todo esto, Dios es quien pone el balón frente a la portería, permitiendo que el creyente se asocie con Él en la misión de salvar al mundo. Deja en manos de su Iglesia la tarea de buscar a los perdidos (Lucas 19:10) y nos concede el gozo de “anotar” en el proceso de la salvación (1 Corintios 3:9). Con un amor de Padre, y de manera casi infantil, nos recuerda:

 Porque todo aquel que invocare el nombre del Señor, será salvo. ¿Cómo, pues, invocarán a aquel en el cual no han creído? ¿Y cómo creerán en aquel de quien no han oído? ¿Y cómo oirán sin haber quien les predique? ¿Y cómo predicarán si no fueren enviados? Como está escrito: ¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian la paz, de los que anuncian buenas nuevas!

Romanos 10:13–15

 Así que regocijémonos con nuestro Padre cuando nos permite colaborar en la majestuosa obra de la redención (2 Corintios 5:18–20). ¡Amén!

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