La piedad (1
Timoteo 4:7-8)
Por: Hno. Guillermo Palestina
" Ejercítate para la piedad .." 1
Timoteo 4:7a
En las cartas
pastorales el apóstol Pablo presenta la piedad (gr. εὐσέβεια – eusebeia) como
el centro de la vida cristiana práctica. No se trata solo de una actitud
religiosa, sino de una vida caracterizada por la devoción sincera hacia Dios y
la coherencia moral que brota de esa fe. La piedad, según el Espíritu Santo por
medio del apóstol Pablo, es una manera de vivir que refleja el carácter de
Cristo en todas las áreas de la existencia humana.
En 1 Timoteo 4:7-8,
Pablo exhorta: “Ejercítate para la piedad; porque el ejercicio corporal para
poco es provechoso, pero la piedad para todo aprovecha, pues tiene promesa de
esta vida presente y de la venidera.” Aquí la piedad se presenta como un
entrenamiento espiritual constante, una disciplina diaria del corazón y la
mente. Así como el atleta se prepara para la competencia, el creyente se
ejercita en la piedad mediante la oración, la obediencia y la práctica del
bien.
En Tito 2:11-12,
se nos enseña que la gracia de Dios nos enseña a renunciar a la impiedad y a
los deseos mundanos, y a vivir en este siglo sobria, justa y piadosamente. La
piedad, entonces, no es una cualidad opcional ni un adorno moral, sino el fruto
visible de la gracia que transforma. No se impone por reglas, sino que nace de
un corazón redimido que desea honrar a Dios.
En 2 Timoteo 3:5,
Pablo advierte sobre aquellos que tienen “apariencia de piedad, pero niegan
la eficacia de ella.” Esta amonestación nos recuerda que la piedad no puede
reducirse a formalismos religiosos o rituales externos; su verdadera prueba es
el poder de transformación que produce en la conducta y en el carácter.
La piedad, por tanto,
une doctrina y vida. Es indispensable creer correctamente, pero es igualmente
fundamental, el hecho de vivir conforme a la verdad que se profesa. Como enseña
el antiguo proverbio al decir: “El estudio es grande, pero el hecho es aún
mayor, porque el estudio lleva a la acción”.
Del mismo modo, el apóstol Pablo llama a los líderes y creyentes a mostrar una
fe activa, visible y práctica.
De esta manera, la
piedad en las cartas pastorales es la manifestación de una fe viva que busca
agradar a Dios en todo. No debería ser una carga, sino un camino de plenitud,
pues como afirma el mismo apóstol: La piedad con contentamiento es gran ganancia,
(1 Timoteo 6:6). Es el reflejo del amor de Dios que se traduce en obras,
palabras y actitudes cotidianas que dan testimonio de Cristo ante el mundo.