La autoridad del Mesías (Marcos 2:1-21)
Por: Hno. Guillermo Palestina
" ¿Qué es más fácil, decir al
paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate, toma tu lecho
y anda?”
Marcos 2:9
Cuando Jesús volvió a
Capernaum, la gente se agolpó para escucharlo. No había espacio ni junto a la
puerta. En medio de la multitud, cuatro hombres cargaban a un paralítico, un
amigo que no podía moverse por sí mismo.
Es muy llamativo que, ellos
no buscaron una cita, ni esperaron que la gente se moviera: abrieron el techo y
bajaron al enfermo justo frente a Jesús. Aquel acto de fe un tanto irreverente y
desconcertante irrumpió el momento y cambió una vida para siempre.
Jesús no comenzó
diciendo: “Levántate y anda”. Su primera palabra fue: “Hijo, tus
pecados te son perdonados.” Porque antes de sanar el cuerpo, el Señor quiso
sanar el alma y de hecho ha sido el milagro más grandioso de la historia de
esta lectura, no deberíamos dejar que pase de largo.
Esta escena revela algo
profundo, pues Jesús conoce nuestras verdaderas necesidades fundamentales. Y mientras
muchos de nosotros nos acercamos a Él buscando alivio físico, económico o
emocional, Él mira más adentro. Nos ve cargando culpas, heridas y silencios que
solo su perdón puede sanar.
El milagro comienza
cuando nos acercamos a Cristo no solo por lo que puede hacer, sino por quién es
Él: el Hijo de Dios que tiene autoridad para perdonar pecados.
Los escribas que
estaban allí se escandalizaron. En su mente, claramente solo Dios podía
perdonar. Y eso era precisamente eso estaba revelando Jesús, Él es Dios
manifestado en carne, trayendo reconciliación y esperanza.
El milagro visible del
paralítico fue la prueba tangible de un milagro invisible: la restauración de
un alma que había sido perdonada.
Hoy, este pasaje nos
enseña tres verdades que pueden transformar nuestra fe:
- La fe verdadera se mueve, con poder y los obstáculos no pueden
detenerla
- Los amigos del paralítico no se quedaron esperando; actuaron.
- La fe sana, bien orientada, no teme romper ocasionalmente el
protocolo si eso significa acercarse a Cristo.
Esta historia, nos
muestra como Jesús está atento a las manifestaciones de fe de los creyentes y está
dispuesto a detener todo el itinerario para corresponder.
Él ve la intención del
corazón, el deseo sincero, la lucha interna que pocos conocen. Donde otros ven
debilidad, Jesús ve oportunidad para mostrar su gracia.
El perdón de Cristo es
el mayor milagro. Sanar un cuerpo es un acto de poder, pero perdonar el pecado
es un acto del amor divino. En ese momento, el cielo se abre y el alma
encuentra descanso.
La verdadera sanidad,
entonces, no empieza con un milagro visible, sino con un corazón rendido ante
Dios.
“El perdón no cambia el pasado, pero transforma por completo el futuro.”